1
Las personas son el centro de todo.

Solo conociendo en profundidad a las personas podremos conectar con ellas.  Solo entendiendo sus emociones podremos llegar a ellas. Solo conociendo sus valores podremos inspirarlas. Queremos ser expertos en personas.

2
Las marcas necesitan humanizarse.

Las marcas deberían parecerse cada vez más a los seres humanos. Necesitan más que nunca una voz, un relato, una causa, para poder llegar a la gente e inspirarla. Dicho de otra forma, un corazón.  Una marca sin corazón no puede conectar con otros corazones.

3
Las grandes marcas persiguen grandes causas. 

Y al revés, perseguir una gran causa hace grande a una marca. Una marca se hace relevante en la misma medida que lo que representa lo sea. Dicho de otra forma, eres tan grande como el tamaño de tus intereses. Si tu razón de existir es un aporte, si lo que haces es relevante y lo que tienes que contar es inspirador, pues me interesa escucharte. 

4
Creemos en la fuerza de los conceptos.

Un buen concepto tiene la capacidad de transformar. Un buen concepto es un lema que genera sentido y moviliza voluntades. Quizás tu target no necesite hoy mismo tu producto; pero sí necesita inspirarse en tu concepto, en tu causa, en tu actitud. 

5
Ogilvy decía: “Si no tienes nada que decir, cántalo”.
Nosotros decimos: Si no tienes nada que decir, trabaja hasta encontrarlo.

Después de décadas siendo bombardeadas por anuncios, las personas han creado barreras y anticuerpos. Y hoy, con la explosión tecnológica, no solo pueden hacer zapping sino además bloquearte en RRSS, a menos, claro, que tus contenidos sean relevantes. Por eso cada vez es más necesario significar algo, no solo vender algo.

6
Tus acciones hablan más fuerte que tus palabras.

La comunicación no es solo la publicidad. Tu marca habla con lo que dice, pero sobre todo habla con lo que hace. Por eso las acciones deben estar alineadas a un relato que las articula y les da coherencia.

7
Personas, no consumidores.

Los destinatarios de las marcas son personas completas, complejas e integrales. Mucho más complejas que solo “gente que consume”; por eso no nos gusta llamarlas “consumidores”. La teoría de la comunicación cambió y las personas ya no son receptores pasivos de mensajes. Son emisoras de opinión y también de contenido. Incluso tienen más poder que los políticos para generar agenda. Y lo saben.

8
Queremos hacer cosas distintas. No solo las mismas de manera diferente.

Nos encantan los buenos comerciales, las buenas historias, pero sobre todo nos gustan las buenas ideas. Por eso no nos limitamos a pensar en contenidos para llenar soportes. Pensamos ideas que se puedan desarrollar de cualquier manera mientras puedan mover a las personas. Y muchas veces esas ideas no son publicidad. Son otra cosa. El desafío es pensar no solo fuera de la caja; sino sobre todo fuera del rectángulo. Más allá de los soportes, más allá de letreros y pantallas.

9
Este es un gran momento para la comunicación.

Nunca hemos estado con tanta necesidad de sentido y al mismo tiempo tan conectados. Lo que está en crisis no es la comunicación, son los modelos, los viejos modelos. Detrás de toda esta revolución que está catapultando la tecnología, está el mismo personaje de siempre: el ser humano.

10
Trabajamos con clientes, no para clientes.

No hay una buen proyecto sin un buen cliente. Para nosotros un buen cliente también es parte del equipo; por eso la palabra cliente para referirse a ellos no nos acaba de convencer. Esas personas que se emocionan con una visión estratégica, que vibran con una idea, que aportan al proceso y por lo mismo al resultado, y que incluso saben que aunque sean “el cliente” no siempre tienen la razón, no son solo clientes, son parte del equipo. Queda pendiente ese re-bautizo.